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Al descubierto la decadencia moral de Alemania
Incidentes recientes ponen de manifiesto la decadencia moral en Alemania: una tendencia con inquietantes implicaciones históricas y proféticas.
1) El neonazi Sven Liebich, un hombre que se viste como mujer y se hace llamar Marla Svenja, fue trasladado por las autoridades alemanas a una prisión de mujeres en Chemnitz a principios de esta semana.
Dos días después, el 16 de julio, Taggesschau informó de que la prisión de mujeres lo rechazó, y escribió que “la administración del Centro Penitenciario de Chemnitz decidió que la extremista de derecha condenada no podía permanecer bajo su custodia, así que ella fue trasladada a una prisión de hombres”.
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Liebich sólo cambió su género legal tras ser condenado a prisión el año pasado. Se está burlando descarada e intencionadamente del sistema; sus críticos sostienen que el cambio de género es una provocación o un abuso de la ley. Aun así, los medios de comunicación siguen refiriéndose a él como “ella”.
En resumen: un hombre neonazi vestido de mujer está claramente aprovechándose de un sistema que prioriza los “derechos transgénero”, siendo rechazado por una prisión de mujeres; y aun así, los periodistas se refieren a él sin ironía como “ella”.
2) “Jens Spahn y su esposo se han convertido en padres”, informó ayer Spiegel Online. Spahn es uno de los principales políticos “conservadores” de Alemania.
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Por supuesto, una pareja homosexual no puede tener hijos, y la gestación subrogada es ilegal en Alemania. La madre es de EE UU, y la pareja homosexual de Spahn es, según se informa, el padre genético.
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“Como hombre gay y cristiano, personalmente me resulta muy difícil aceptar la idea de un ‘vientre alquilado”, escribió Spahn en 2015. Pero ahora se le critica por haber “alquilado” un vientre.
3) El partido alemán de extrema derecha Alternativa para Alemania está haciendo campaña en Sajonia-Anhalt con las palabras: “Sólo de la unión de un hombre y una mujer nacen los niños y, por lo tanto, las futuras generaciones”.
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Muy bien; sin embargo, la líder del partido, Alice Weidel, vive con su pareja lesbiana y dos “hijos” en Suiza. Al preguntársele al respecto, dijo: “Si me lo pregunta a mí personalmente: mis hijos tienen la mejor crianza y las mejores oportunidades”.
La decadencia moral alemana debería alarmarnos a todos. La historia de la República de Weimar muestra cómo la decadencia moral y la inestabilidad política van de la mano.
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Una sociedad moralmente enferma allanó el camino para el ascenso de Adolfo Hitler. La sociedad hizo que su equipo de “asesinos, proxenetas, homosexuales, pervertidos, drogadictos o simples alborotadores” pareciera aceptable y que su mensaje resultara atractivo, como lo describió Auge y caída del Tercer Reich.
Los pecados de nuestro mundo y los pecados de la élite posibilitan el ascenso de líderes malvados.
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Cuando “los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas”, profetiza Daniel 8:23 para el tiempo del fin. A este líder también se le llama “hombre despreciable” en Daniel 11:21.
Se necesita una sociedad despreciable para que se levante un líder tan despreciable.
