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Dan/Flickr

Los niños terroristas de la Ciudad Santa

12/01/2018  •  de latrompeta.es
 

El 12 de octubre era un día normal para un niño de 13 años en Jerusalén, cuando subió a su bicicleta para dar un paseo por su vecindario de Pisgat Zeev. Entonces, de repente, dos personas avanzaron hacia él y comenzaron a apuñalarlo.

Este era el tercer ataque con cuchillo en ese día en los alrededores de la Ciudad Santa, y el número 22 en un período de 13 días. Pero el hecho más sorprendente es la edad de los que serían los asesinos del niño: dos primos árabes, de solo 13 y 15 años.

La policía confrontó al de 15 años, que todavía tenía el machete en su mano. Él se les abalanzó y le dispararon causándole la muerte. El de 13 años fue atropellado por un automóvil. Mientras yacía en el pavimento bañado en sangre, con los paramédicos tratando de salvarle su joven vida, un transeúnte israelí que grababa al niño, le gritaba: “¡Muere! ¡Muere! ¡Hijo de ramera!”

¿Cómo es que se ha llegado a esto? ¿Por qué dos niños que deberían estar haciendo sus tareas o deberes, en vez de eso están intentando asesinar? ¿Cuánto más saturado de odio puede estar Jerusalén?

¿Qué motivó a estos niños a matar? ¿Fueron sus padres, absortos en los medios de comunicación palestinos quienes distorsionaron los eventos y demonizaron a los israelíes? ¿Fue la propaganda en sus escuelas? ¿Fue el programa de televisión infantil con el personaje parecido a Mickey Mouse que enaltece el “martirio”? ¿Fueron las imágenes en Facebook y Twitter difamando a los judíos y glorificando a sus “mártires” asesinos? ¿O fue el sistema religioso que implica, o afirma, que “proteger la mezquita de al-Aqsa” significa matar niños de 13 años?

Lo más seguro es que fue la acumulación de todas estas influencias. Este sorprendente ataque revela algo mucho mayor: una generación entera de jóvenes palestinos saturados de odio.

Pero, ¿qué decir del israelí que vio un cuerpo herido y moribundo desplomado en la calle, y le gritó que se muriera? Su indignación es comprensible. Pero su reacción revela que él también lleva un odio terrible.

¿Será que la “paz en Oriente Medio” alguna vez va a ser algo más que un cliché? ¿No está la solución de este problema más allá de la capacidad de los hábiles políticos?

¿No necesitamos una sanación de las mentes en el Oriente Medio? 

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