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El ex canciller alemán Gerhard Schröder (izquierda) y el presidente ruso Vladimir Putin (derecha).

Sean Gallup/Getty Images

El círculo vicioso de las relaciones germano-rusas

07/01/2019  •  de latrompeta.es
Comprenda el pasado de estos poderosos enemigos amigables y verá mejor cuál es su futuro.
 

Ellos son los mejores amigos. Ellos son los peores enemigos. Ninguna relación entre dos naciones es más fascinante que la de Alemania y Rusia. Y ninguna relación es más importante para el futuro del mundo.

Una alianza germano-rusa podría dominar Europa y Asia. Sus recursos combinados podrían desafiar a cualquier potencia sobre la Tierra, incluyendo a Estados Unidos. Esta es la razón por la cual garantizar que ningún país o alianza controle toda Europa y Asia Occidental ha sido el principal objetivo de la política exterior de EE UU en el último siglo. Ningún país ha tenido éxito en gobernar ese territorio. Pero una alianza germano-rusa se ha acercado. Tal vez ninguna otra relación ha sido tan influyente sobre la historia europea.

Hoy EE UU está en retirada en el mundo, y Europa está comenzando a sostenerse por sí misma. En consecuencia, el futuro del mundo estará una vez más determinado por la relación germano-rusa. Lo que hace que su historia sea esencial para todos.

Esta historia muestra por qué una alianza germano-rusa es alarmantemente plausible.

Por siglos, la relación entre Rusia y Alemania ha sido consistentemente incoherente. Pocas naciones han tenido una relación tan cercana. Una y otra vez, las dos han conspirado juntas contra sus vecinos. Rusia, en uno de sus periodos de grandeza, incluso fue gobernada por un alemán. Así una y otra vez, Alemania se ha transformado en la némesis de Rusia, acercándose más que cualquier otro poder desde que los mongoles la barrieron. Y Rusia ha sido la némesis de los imperios europeos—el gigante que presiona la totalidad de la frontera de 5.400 kilómetros de Europa, y con frecuencia extendiéndose sobre ella y aplastando todo a su paso. La brutalidad de estos conflictos ha sido espantosa.

Las fuerzas históricas que han causado estos patrones de atracción y repulsión todavía existen. Rusia quiere acceso a los expertos europeos. Alemania quiere las materias primas rusas. Ambos quieren la paz con el otro con el fin de expandir su poder e influencia en otras regiones. Pero al mismo tiempo, cada uno es una gran amenaza para el otro. No existe ninguna barrera geográfica natural fácilmente defendible entre Alemania y Rusia—ninguna cadena montañosa o vastos ríos. Por lo tanto, un golpe rápido de uno amenaza con paralizar al otro.

De ahí la historia de miedo junto con amistad—un patrón que continúa hasta hoy. Note este patrón en seis cortas escenas de la historia:

1. Legado de los mongoles

Quizás el tema más controversial entre Rusia y Alemania es la tierra que hay entre ambas naciones. Comprender este tema nos lleva de regreso al siglo xii. Gran parte del destino de Rusia, incluyendo su relación con Alemania, se origina con un hombre. Temüjin Borjigin nació en 1162, el segundo hijo de un jefe tribal. Exiliado y empobrecido cuando era niño, parecía estar destinado a la pobreza. Pero al contrario, se convirtió en un fuerte líder militar y político que unió a las tribus mongolas y tomó el nombre de Gengis Kan. Luego empujó hacia el exterior.

Los mongoles aplastaron imperios desde China a Europa Oriental. El imperio de Rus, centrado alrededor de Kiev, también cayó. Por siglos los mongoles dominaron Rusia. Los rusos culpaban a los mongoles por aislarlos de Europa, dejándolos desconectados y científicamente atrasados.

Pero los mongoles—y otros como ellos—también dejaron su marca sobre Alemania. Tribus nómadas se esparcieron a lo largo de la vasta y vacía estepa de Eurasia, convirtiéndose en una amenaza para Europa mucho antes que los mongoles. La matanza dejó las tierras al oriente de Alemania deshabitadas. Los gobernantes locales estaban deseosos de atraer a sujetos laboriosos y valientes.

Los alemanes llenaron esa necesidad. Prosperando en su tierra natal, miles de alemanes viajaron al oriente. Conocido como la Ostsiedlung (“expansión oriental”), el empuje estableció enormes comunidades germanas al oriente en lo que ahora son los Países Bálticos, Polonia, Rumania y Bulgaria.

La Ostsiedlung alimentó una obsesión por oriente y por el destino de Alemania en esa región. Esta obsesión continuó hasta el tiempo de Adolfo Hitler y Mein Kampf [Mi Lucha].

La relación germano-rusa nació en estas agonizantes brasas del Imperio Mongol. Pero los alemanes no fueron el único pueblo expandiéndose en el vacío. Con el poder ruso fracturado, el reino de Polonia y más tarde la Mancomunidad de Polonia-Lituania (República de las dos Naciones), junto con Suecia, empujaron al oriente. Estos imperios se separaron geográficamente de Alemania y Rusia.

El Ducado de Moscú se sacó de encima completamente el señorío de los mongoles en 1480. Pasó muchos años consolidándose y reconstruyéndose. Para el tiempo de Pedro el Grande, en 1672, los rusos se convirtieron una vez más en una gran potencia, y sus relaciones con Alemania se volvieron importantes.

2. Pedro el Grande

Pedro acercó Rusia a Europa—literalmente. Él amplió el imperio sueco y derrotó a la Mancomunidad de Polonia-Lituania. Luego trasladó la capital de Rusia a este territorio recién conquistado, estableciendo San Petersburgo en la Costa Báltica.

Pedro viajó a Europa encubierto en 1697 y 1698. Él quería ser testigo de la sociedad occidental y reclutar personalmente expertos para ayudar a modernizar Rusia. Gracias a la Ostsiedlung, la población de Moscú era aproximadamente un 10% germana en ese tiempo. Así que los estados germánicos del Sacro Imperio Romano eran el lugar obvio para reclutar trabajadores especializados. Pedro reunió expertos de toda Europa y Alemania. Construyó alianzas con los principados alemanes. Todos sus hijos estaban casados en regias familias alemanas.

La destreza germana ayudó a hacer del zar a “Pedro el Grande”. Y tal como sucedería en el futuro, la alianza ruso-germana tomó la forma de un pacto militar secreto. En 1732, siete años después de la muerte de Pedro, Austria, Prusia y Rusia formaron la Alianza de las Tres Águilas Negras, refiriéndose a los símbolos nacionales de las naciones involucradas. Las tres acordaron interferir en la política polaca e impedir que Polonia se fortaleciera. Sin embargo, el tratado pronto se hizo discutible cuando estalló la guerra civil en Polonia y las potencias de Europa tomaron bandos.

Pero pronto la inestabilidad en la relación de Rusia con Alemania también emergió. Muchos en Rusia temían a Alemania—particularmente al Estado alemán de Prusia, una gran potencia en ascenso. Consejeros alemanes habían tenido una gran influencia en el gobierno ruso, y a muchos rusos les molestaba esto. Así que en 1741, la facción anti-alemana lanzó un golpe de estado contra el nieto de un año de Pedro, quien estaba entonces en el trono. Ellos lo reemplazaron con Isabel, una de las hijas de Pedro.

Las relaciones con Alemania cambiaron de la noche a la mañana. Los consejeros alemanes fueron echados. Mientras la guerra se alzaba en Europa, Isabel alineó a Rusia con Austria y Francia—contra Prusia.

La Guerra de los Siete Años estalló en 1756. Winston Churchill después la llamó la verdadera primera guerra mundial, enfrentando a Gran Bretaña y Prusia contra Francia, Austria y Rusia. Gran Bretaña salió bien, pero en Europa, Prusia fue golpeada. Para 1762, el rey de Prusia estaba listo para rendirse. Él escribió, “Nosotros ahora debemos pensar en preservar para mi sobrino, por medio de la negociación, cualquier segmento de mi territorio que podamos salvar de la avidez de mis enemigos”.

3. Catalina la Grande

Entonces vino lo que los prusianos llamaron un “milagro”: En 1762, la emperatriz Isabel I murió. Ella no tuvo hijos, así que su sobrino fue su heredero.

Pedro iii era el hijo de la hermana de Isabel, la que se había mudado a Alemania y desposado con un príncipe alemán. Como resultado, Pedro había nacido en Alemania y hablaba alemán mejor que el ruso.

Repentinamente Rusia cambió de bando nuevamente. Los soldados rusos dejaron de invadir Prusia y comenzaron a ayudarles. Prusia recapturó el territorio perdido. Austria fue forzada a hacer la paz.

Seis meses después, Alemania ganó incluso más influencia en Rusia. Pedro iii no era un gobernante popular. Su esposa, Catalina, ayudó a organizar un golpe de estado contra él. Pedro fue arrestado y después asesinado, y Catalina se convirtió en emperatriz por derecho propio.

Ahora la gobernante de Rusia no era un descendiente sanguíneo de la familia gobernante de Rusia. Ni siquiera era una rusa étnica. Ella era alemana.

En meses, Rusia y Prusia se habían transformado de enemigos mortales a los más cercanos aliados.

Rusia todavía necesitaba trabajadores cualificados. Así que Catalina invitó a europeos a vivir en Rusia, mientras preservaban su cultura. Estos migrantes serían inmunes al reclutamiento obligatorio y libres de muchos impuestos. A ellos incluso se les permitió tener una relativa libertad religiosa. La oferta estaba dirigida a Alemania, y los alemanes respondieron en masa. Para el tiempo en que Rusia realizó su primer censo a finales del siglo xix, cerca de 2 millones de personas que vivían en Rusia registraban el alemán como su primera lengua.

Rusia y Prusia también cooperaron en una forma que sonará familiar para los lectores modernos: Ellos se repartieron Polonia. Rusia, Austria y Prusia dividieron Polonia en tres, en una serie de particiones, hasta que Polonia fue removida del mapa.

Esto no fue sólo porque Catalina fuera amable con Prusia porque ella era alemana. Ella también fue conocida como “la Grande”. Con un tratado seguro con Alemania, Rusia se expandió por todas partes. Catalina hizo retroceder a los turcos otomanos. Conquistó territorio en el Cáucaso. Para el final de su reinado en 1796, Rusia se había expandido en más de 518.000 km2.

4. Pacto con Napoleón

Pero Alemania no era la única potencia europea con la que Rusia trabajaba. Antes que Catalina muriera, un sismo político había comenzado que sacudiría los fundamentos de Europa. Desde 1789, Francia había estado convulsionada por la revolución. Luego sus ejércitos hicieron una campaña externa con nuevo celo. Una vez que Napoleón Bonaparte tomó el control en 1799, ellos parecían imparables. En 1807, Napoleón era el amo de Europa y gran parte de Alemania. Si Rusia quería hacer tratos con Europa, Napoleón era el aliado obvio.

En 1807, el zar Alejandro I y Napoleón firmaron el Tratado de Tilsit. Éste contenía una cláusula secreta que dividía Europa entre Rusia y Francia. Rusia aceptaba secretamente ayudar a Francia contra Gran Bretaña en Occidente, mientras Francia acortaba secretamente ayudar a Rusia contra los otomanos en Oriente. Napoleón y Alejandro incluso hablaron de un ataque conjunto sobre Gran Bretaña en India. Pero la alianza se rompió en 1812, cuando Napoleón decidió que los rusos no hacían lo suficiente contra Gran Bretaña y los atacó. Una vez más, Europa y Rusia se volvieron de amigos a enemigos de repente.

Al mismo tiempo, Rusia aún mantenía relaciones cercanas con los alemanes. Muchos de los altos generales de Rusia eran germanos. Cuando Prusia hizo la paz con Francia, varios oficiales prusianos fueron a Rusia—incluyendo al ahora famoso Karl von Clausevitz—para que así pudieran seguir luchando.

La campaña de Napoleón de 1812 contra Rusia falló deplorablemente. Él y sus aliados perdieron cientos de miles de hombres. En respuesta, enormes ejércitos rusos marcharon hasta París. Su memoria intimidó a Europa en los años venideros.

5. ‘El secreto de la política’

Las repercusiones de las guerras napoleónicas golpearon a Europa por décadas. Gran Bretaña se convirtió en la potencia más grande en el mundo, contribuyendo a un periodo de relativa paz que duró hasta la segunda mitad del siglo xix. En Alemania, Otto von Bismarck, como ministro presidente de Prusia en 1862, permitió que un patrón familiar de relaciones entre Alemania y Rusia se comenzara a desarrollar nuevamente. Bismark dijo en su famosa frase, “¿El secreto de la política? Hacer un buen tratado con Rusia”.

Para este fin, Alemania, Austria y Rusia formaron la Liga de los Tres Emperadores en 1873. Austria después renunció a la alianza, así que Rusia y Alemania firmaron el Tratado de Reaseguro en 1887. En este tratado secreto, cada nación prometía permanecer neutral si la otra resultaba involucrada en una guerra con otra potencia mayor (con algunas excepciones). Alemania también dio a Rusia una mano libre para expandirse por el Mar Negro. Con su parte oriental segura, la recién unificada nación prusiana liderada por Alemania, era capaz de establecerse y convertirse en la potencia dominante en Europa.

Pero en 1890, Bismarck fue forzado a salir de su cargo por el nuevo káiser, Wilhelm II, quien rápidamente revirtió la política sobre Rusia. Él le temía a Rusia y envidiaba su control de Europa Oriental. En 1914, Alemania atacó a Rusia.

Inspirado por el legado de Ostsiedlung, el gobierno alemán quería forjar un imperio colonial en Europa Central y Oriental. Tanto el káiser como su jefe de personal general, Helmut von Molkte, imaginaron una guerra racial que Molkte describió como “una lucha entre teutones y eslavos”. Esto le permitiría a Alemania tomar su posición “natural” como líder de los eslavos en Europa Oriental. Y casi funcionó.

En 1917, Alemania obtuvo todo lo que quería. El 8 de marzo, la Revolución de “Febrero” en San Petersburgo derrocó a la dinastía rusa de los Romanov. Y Alemania percibió una oportunidad.

6. ‘Bacilo de Tifoidea’

El general alemán Erich Ludendorff envió una invitación al revolucionario comunista Vladimir Lenin, quien entonces estaba viviendo en Suiza. Alemania podría garantizar el paso seguro de Lenin a través de Alemania y ayudarle a alcanzar a Rusia.

Los alemanes usaron a Lenin “como un bacilo de tifoidea”, dijo Winston Churchill más tarde. El nuevo gobierno de Rusia iba a continuar la guerra contra Alemania, y los alemanes esperaban que Lenin pudiera debilitarla.

Esto funcionó más allá de sus sueños más alucinantes. Lenin llegó a principios de abril de 1917. El 6 de noviembre, lanzó la Revolución de “Octubre”. Los comunistas se tomaron el poder. Rápidamente Lenin firmó un tratado de paz que daba a los alemanes casi todo lo que ellos querían.

Alemania continuó apoyando a Lenin, ayudándolo a permanecer en el cargo. Como dijo el ministro de relaciones exteriores, almirante Paul von Hintze en julio de 1918, “Los bolcheviques son la mejor arma para mantener a Rusia en un estado de caos, permitiéndole así a Alemania arrancar tantas provincias del eximperio ruso como desee…”.

Así comenzó una relación que continuaría por décadas.

Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania y Rusia estaban oficialmente en malos términos. Muchos comunistas rusos querían llevar la revolución a Alemania. Después de un intento en noviembre de 1918, Alemania echó al personal de la embajada soviética.

Extraoficialmente, el contacto continuó. “Los lazos de intereses propios establecidos entre [Lenin] y el ejército alemán en noviembre de 1917 parecían haberse mantenido, aunque algunas veces en forma tenue, incluso después del Armisticio”, escribe el historiador Paul Johnson en Tiempos Modernos. Su relación siguió el mismo patrón que tuvo por siglos. Alemania ayudó a la facción bolchevique de Lenin, enviándoles asesores militares, armamento y, “a su debido tiempo, expertos industriales en construir nuevas fábricas de guerra” (ibíd).

El 16 de abril de 1922, Alemania y Rusia firmaron el Tratado de Rapallo. A primera vista, esto fue un acercamiento diplomático clásico entre dos exenemigos. Pero esto abrió la puerta para una cooperación más cercana entre ambas naciones—cooperación que no fue completamente descubierta hasta mucho después. Alemania podría realizar investigaciones, desarrollo y entrenamiento militar—lo que hubiera sido ilegal debido al Tratado de Versalles firmado al final de la Primera Guerra Mundial—en Rusia. A cambio, Rusia entrenaría con el Ejército Alemán y participaría en los avances militares. Alemania estableció bases secretas, fábricas y aeródromos en Rusia.

Esto fue 20 años antes de que Alemania luchara contra Estados Unidos. El Adolfo Hitler de treinta y tres años de entonces no había comenzado aún su ascenso al poder. Pero Rusia y Alemania ya estaban conspirando contra Occidente. Esta alianza secreta fue una de las principales razones por las que Alemania pudo explotar al poder una vez que Hitler se convirtió en canciller en 1933.

Cuando los ministros alemanes y soviéticos se reunieron el 23 de agosto de 1939, para dividir Europa del Este entre ellos, difícilmente fue el inicio de una nueva relación. “Por dos décadas esta malvada corriente de intercambios ha fluido clandestinamente”, escribe Johnson. “Ahora finalmente irrumpió en la superficie”.

Conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, o el pacto Hitler-Stalin, el acuerdo fue anunciado como un “pacto de no agresión”. Pero fue lo opuesto, pues definió a qué partes de Europa del Este podía agredir Rusia con la aprobación alemana, y viceversa. Fue exactamente la forma en que Frederick y Catalina, y también Napoleón y Alejandro, habían dividido Europa antes.

También pavimentó el camino para el apoyo comunista mundial para la Alemania nazi. Stalin envió a Alemania un millón de toneladas de grano, 900.000 toneladas de aceite, hierro y otros minerales—permitiendo que la vasta riqueza natural de Rusia alimentara la máquina de guerra germana.

Pero una vez más, la alianza cambió repentinamente. El 22 de junio de1941, Hitler lanzó la Operación Barbarroja, en la cual invadió Rusia. Stalin había recibido al menos 80 advertencias de que Hitler estaba a punto de apuñalarlo por la espalda, pero él no lo creyó. Cuando vino el ataque, parecía que Stalin tuvo una especie de crisis mental. Mientras las fuerzas alemanas venían apresuradamente contra ellos, una unidad rusa se comunicó por radio con su puesto de mando para informar que estaba bajo ataque del Ejército Alemán y para pedir instrucciones. La respuesta fue: “Debes estar loco”.

Un patrón moderno

Ver los eventos actuales a la luz de esta historia ilumina su importancia. Una vez más se está desarrollando el mismo patrón: la experiencia alemana negociada por materia prima de Rusia y algún tipo de acuerdo para no oponerse el uno al otro.

Rusia ya tiene un gasoducto de gas natural bajo el mar que se dirige a Alemania… y ahora está construyendo otro.

El gasoducto es el epítome de las viejas relaciones ruso-germanas. Rusia usa el gas como un arma. Rusia en muchas ocasiones le ha cortado el suministro de gas a Ucrania para forzar concesiones políticas. Sin embargo, ésta ha sido un arma desafilada. Si Rusia le corta el suministro de gas a Ucrania, significa también cortarles el suministro de gas a todos los otros países que reciben el gas ruso a través de Ucrania. Provoca a muchas naciones más allá de Ucrania y Rusia pierde mucho dinero.

El nuevo gasoducto convierte al suministro de gas en un arma más precisa. Rusia puede cortar el suministro a cualquier nación de Europa del Este que desee mientras aún suministra a otras naciones a través de Alemania. Alemania le está ayudando Rusia a ganar poder en Europa del Este. Por esta razón, estadistas en Polonia y Europa del Este han llamado a este gasoducto Nord Stream 2 el gasoducto “Molotov-Ribbentrop 2”.

A cambio, Alemania obtiene gas barato y tácita influencia sobre las naciones que ahora obtendrán su gas de Alemania. Se estima que el costo de transporte para el nuevo gasoducto será un 40% más barato que por los anteriores gasoductos por tierra.

Alemania se está beneficiando incluso antes de que el nuevo gasoducto se haya completado. ¿Están dando sus frutos los lazos energéticos cercanos de Berlín con Moscú?”, preguntó Bloomberg en abril pasado. “Datos del Servicio Federal de Aduanas de Rusia muestran que podrían estar buscando que Alemania pague menos por el gas natural del exportador más grande del mundo que la mayoría de los otros compradores” (25 de abril). Además señaló que, si la tarifa de Alemania hubiera subido al mismo ritmo que las tarifas de gas en Italia y Francia, habría gastado mil millones de dólares más en gas el año pasado.

El auge económico de Alemania está siendo alimentado una vez más por los recursos rusos baratos.

El trato fue planeado y dirigido por el excanciller alemán Gerhard Schröder, quien abandonó el cargo de canciller y se fue directo a un trabajo con Gazprom, el gigante de la energía controlado por el gobierno ruso. Su enfoque fue dirigir el proyecto Nord Stream 2. Ahora él es el director de Rosneft, la mayor firma de petróleo de Rusia—y heredero de una larga tradición de líderes alemanes con una carrera en Rusia.

Los recursos convencionales de petróleo y gas de Rusia se están agotando. Por lo tanto, para que su suministro de gas sea tan eficaz como sea posible como un arma, Rusia necesita la destreza occidental. Y Alemania, junto con otros países europeos, la está proporcionando.

Firmas como Wintershall de Alemania y Total de Francia estuvieron inicialmente involucradas en perforaciones árticas fuera de las costas rusas. Pero sanciones de EE UU los sacaron de allí. Estas sanciones han cortado a Rusia de alguna pericia occidental y desaceleraron sus perforaciones en el Ártico y otras áreas de difícil acceso, pero otros contactos continúan. BP todavía posee un 20% de acciones en Rosneft. La sociedad entre Eni S.p.A. de Italia y Rosneft también ha continuado. Y con la salida de algunos gigantes, compañías más pequeñas están llenando el vacío. fmc Technologies de Alemania y Linde de Francia están ayudando al proyecto del gas natural licuado de Rusia en la Península Yamal. Shell inició conversaciones para involucrarse allí en septiembre. El proyecto Yamal es relativamente pequeño, pero proveerá a las compañías rusas de experiencia invaluable sobre la extracción de combustibles fósiles de lugares de difícil acceso.

Aparte del petróleo y el gas, la tecnología alemana sigue siendo esencial.

El 80% de las estaciones eléctricas rusas usan avanzadas turbinas fabricadas por Siemens. La compañía alemana ha sido fundamental para mejorar la infraestructura de transporte de Rusia. Y ésta no es su única conexión. bne IntelliNews, un sitio enfocado en noticias de negocios en mercados emergentes, escribió: “Siemens probablemente tiene una de las mejores y más cercanas relaciones con el Kremlin de todas las compañías extranjeras que trabajan en Rusia. La relación fue negociada por Gerhard Schröder, el excanciller alemán y posterior amigo del presidente [ruso] Vladimir Putin, quien podría asistir personalmente a reuniones entre el ceo de Siemens y Putin cuando ellos discutan sobre negocios” (17 de abril).

Una y otra vez, Schröder ha tomado el liderazgo en forjar lazos entre Alemania y Rusia.

Este fue el tema del artículo de portada del editor en jefe de Trompeta Gerald Flurry en la edición de septiembre-octubre. “Necesitamos observar cuidadosamente qué está sucediendo ahora entre Alemania y Rusia”, escribió él. La historia entre estas dos naciones confirma esta advertencia.

El Sr. Flurry señaló el papel que ha jugado el Sr. Schröder en organizar esta alianza de energía con Rusia, la que fundamentalmente debilita a la otan. “El hecho de que [Putin y Schröder] estén trabajando tan estrechamente, indica fuertemente que ellos están de acuerdo en un plan para destruir a la otan”, escribió.

“Alemania está muy por encima de cualquier otra nación en Europa, y está intimidando a muchas de estas naciones y pueblos”, continuó escribiendo. “¡Que Alemania, con todo su poder, esté formando este tipo de relación con Rusia es muy preocupante! ... Usted necesita ver de cerca cómo se desarrolla esta situación”.

Una advertencia para hoy

En 2008, el Sr. Flurry preguntó, “¿[S]abía usted que Alemania y Rusia probablemente ya se han ocupado de sus diferencias más urgentes?… Yo creo que líderes de Alemania ya pueden haber llegado a un acuerdo con Rusia, un pacto moderno tipo Hitler-Stalin donde Alemania y Rusia dividen naciones y bienes entre sí. Este acuerdo permitiría que cada uno vuelva su mirada sobre otros objetivos. ¡Cualquier acuerdo que pueda haber sido alcanzado entre Alemania y Rusia es un precursor de la guerra!” (Trompeta, enero de 2009).

Alemania miró para otro lado mientras Rusia invadía Georgia y luego Ucrania. Tratados secretos y acuerdos para dividir naciones podrían sonar extraño en el EE UU moderno. Pero la historia muestra que es una característica regular de las relaciones ruso-germanas. Otro acuerdo secreto sería simplemente volver a la norma.

Su historia da razones poderosas para observar la relación entre ambas. Pero la Biblia también nos advierte. Jeremías 1 se refiere a la próxima superpotencia europea liderada por Alemania como una olla hirviente (versículos 13-15).

“Por debajo de la superficie, esta nación está llena de una latente insatisfacción con el actual orden mundial”, escribió el Sr. Flurry. “Los alemanes están enojados con EE UU, y especialmente furiosos con el presidente Trump. La ambición imperialista que provocó que Alemania iniciara ambas guerras mundiales está viva y fuerte. ¡Está a punto de estallar! (ibíd).

La profecía advierte que una Europa liderada por Alemania está a punto de hervir, esparciendo su poder a través del mundo. También advierte sobre un “príncipe de Rosh”, o Rusia (Ezequiel 38:1-2), cuya agresión será asimismo alrededor del mundo.

Nuestros folletos contienen una detallada explicación de estas profecías—y muchas otras—revelando un panorama de lo que está por venir. Pero con estas dos potencias emergiendo y ambas oponiéndose a Estados Unidos, hemos pronosticado por mucho tiempo que los mismos patrones familiares de la historia emergerán nuevamente.

Los alemanes y los rusos firman acuerdos secretos que permanecen clandestinos por décadas. A los observadores modernos les gusta pensar que todos quieren la paz y que todas las naciones sólo quieren llevarse bien. Pero la historia revela otra cosa. Las naciones quieren poder y conspirarán e irán a la guerra para conseguirlo.

En mayo de 1962, The Plain Truth (La Pura Verdad)—predecesora de Trompeta y dirigida por el editor en jefe Herbert W. Armstrong—escribió: “Una vez que Europa dominada por Alemania esté completamente establecida, Alemania estará lista para negociar y convenir con Rusia—y tras las espaldas de los aliados occidentales si es necesario”.

La historia da advertencias siniestras sobre el resultado de tales convenios. La relación germano-rusa ha estado en el corazón de los conflictos más destructivos en la historia del hombre.

La Biblia da la misma advertencia, pero también contiene una maravillosa esperanza. El Sr. Flurry concluye su artículo: “Los hombres van a continuar en sus intentos fútiles para forjar la paz. Ellos tendrán que sufrir hasta que Jesucristo regrese… Pero Su regreso está atado a este poder emergente alemán y al poder emergente ruso. ¡Él dice que regresará antes de que la guerra haya aniquilado toda vida humana! (Mateo 24:22). Las potencias militares emergentes de Rusia y Europa son una gran parte de lo que será necesario para que Cristo regrese”.

“Dios quiere que le respondamos. Él dice que nos ayudará en cualquier forma que necesitemos si simplemente Le obedecemos. ‘¿Por qué moriréis, casa de Israel?’ pregunta Dios en Ezequiel 18:31. ¡Él no quiere que ninguno de nosotros tenga que sufrir! Él está deseoso de evitarnos la violencia catastrófica que viene y bendecirnos”.

“Necesitamos entender estas profecías bíblicas que están preparando el camino para la Segunda Venida de Jesucristo a esta Tierra. Eso significa que todas las malas noticias están a punto de terminar. Él va a traer paz, alegría y felicidad a este mundo para siempre”. 

Boletín, AD