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Cómo orar

06/08/2018  •  de latrompeta.es
Instrucciones prácticas sobre cómo construir la relación más importante en su vida
 

El propósito de la oración es darle una línea de comunicación directa y personal con el Creador del universo. Usted puede hacer peticiones al Dios Todopoderoso y hacer que Él dirija Su poder sin límite para llevarlas a cabo, ya sea que pida por paz, prosperidad, protección, sabiduría, sanidad o un sin número de otras bendiciones para usted, su familia, amigos, enemigos, su nación o el mundo.

Muchas personas, sin embargo, encuentran que su experiencia no cumple con esa promesa con consistencia. Muchos desean recibir más respuestas a sus oraciones. Muchas personas que creen en el poder de la oración quieren ser aún más efectivos al orar.

¿Están sus oraciones siendo respondidas? Si no es así, ¿por qué no?

A menudo escuchamos expresiones públicas y llamados a orar, desde cabezas de estado, líderes de la política, los negocios y la religión, parientes y otros, particularmente después de que golpea una crisis: “Nuestros pensamientos y oraciones están con ellos”. “Nuestras oraciones van a las víctimas de esta tragedia”. La gente hace vigilias para orar. Muchos individuos buscan estar en comunión con Dios cuando el terror golpea a nuestras naciones o una enfermedad aflige a un ser querido.

¿Hacen alguna diferencia estas oraciones? ¿Está Dios escuchando? Un creciente número de personas hoy cree que la respuesta es no. En un mundo secular, más gente incluso se burla de la idea de orar.

Esta pregunta necesita ser contestada. Si estas oraciones no están siendo escuchadas, ¿por qué orar? Sin embargo, si están siendo escuchadas, entonces ¿por qué todavía vemos tanto sufrimiento, problemas y conflictos a nuestro alrededor? Vea el estado del mundo: Miles de millones de personas languidecen en la pobreza y el analfabetismo, los desastres climáticos están rompiendo récords, hay guerras encarnizadas en la mayoría de los continentes y las manecillas del reloj del juicio final se acercan a la medianoche. ¿Por qué? ¿Es porque Dios no puede escucharnos? ¿O es que Él nos escucha pero rehúsa responder? ¿O hay otra explicación?

¿Qué es la oración?

La oración no es magia mental o un montón de palabrería; no es una charla psicológica de ánimo que lo hace sentir mejor.

La palabra hebrea para oración que más se usa en el Antiguo Testamento significa intercesión o súplica. El significado literal es postrarse o inclinarse. En el Nuevo Testamento, el término griego traducido como oración significa suplicar, adorar o hacer oración.

Súplica es una solicitud ferviente o imploración humilde. Suplicar significa pedir con fervor y humildad. Rogar significa hacer una solicitud de una manera seria o urgente. La oración puede también referirse a intercesión o súplica. Estas definiciones están todas contenidas en la palabra oración.

La oración, entonces, es intercesión o ruego, una intensa súplica a Dios.

La oración es nuestra parte en una conversación bidireccional con Dios. Dios habla con nosotros a través de Su Palabra escrita, la Santa Biblia, y nosotros podemos hablar con Él a través de la oración. Esto nos permite llegar a conocer a Dios mientras Él llega a conocernos a nosotros.

“Cuando estudia la Biblia, Dios está hablando con usted. Cuando ora, usted está hablando con Él”, escribió el educador Herbert W. Armstrong. “Usted puede realmente conocer a Dios de esta manera, tal como usted llega a conocer a la gente a través de la conversación” (El Increíble Potencial Humano).

La verdadera oración es comunicarnos con el Dios Todopoderoso a través de nuestro Salvador Jesucristo. Es hablar con nuestro Padre celestial en una actitud de humildad, arrepentimiento, temor, reverencia y profundo respeto.

No todas las oraciones son lo mismo

La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago 5:16) ¿Logran mucho sus oraciones?

Vivimos en un mundo material y todos somos afectados por la era del materialismo. Nuestro mundo ha perdido el conocimiento de Dios y el poder de la oración.

La sociedad nos desanima a confiar en Dios. No es sorpresa que Jesucristo preguntara: “[C]uando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8).

Muy a menudo, la oración es vista como un deber religioso o un ejercicio ritualista. Las personas oran únicamente porque sienten que es algo que se espera de ellos, o porque están preocupados y buscan alivio. De cualquier forma, el enfoque es egoísta. Tales personas no reciben respuesta a sus oraciones (Santiago 4:3).

A través del profeta Isaías, Dios dice que Él está tan molesto con algunas personas que “cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré” (Isaías 1:15).

La Biblia deja en claro que cualquier petición que hagamos a Dios debe ser hecha con plena seguridad de que estamos pidiendo de acuerdo a la voluntad de Dios y de que Él responderá. El apóstol Santiago así lo manifiesta: “Pero (la persona pidiendo en oración a Dios) pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

Dios sin duda tiene el poder para responder a cualquier petición en oración que Él quiera. Pero al decidir si hacerlo o no, Él toma en consideración la motivación, la actitud y el nivel de fe del que ora, entre otros factores.

La necesidad de orar

Usted necesita reconocer cuán desesperada es nuestra necesidad por este contacto regular e íntimo con nuestro Padre celestial.

Hable con Dios cada día—especialmente cuando está teniendo problemas. ¡Usted fue creado para necesitarlo a Él! Al igual que sus aparatos electrónicos no trabajan a menos que les cargue la batería, usted no va funcionar apropiadamente a menos que sea recargado por el contacto con el gran Dios cada día. ¡Usted necesita a Dios más que al oxígeno!

Jesús comprendía esta necesidad. Hebreos 5:7 dice esto acerca de Su vida de oración: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”. Era crítico que Cristo viviera toda Su vida física perfectamente libre del pecado para que Él pudiera ofrecerse a Sí mismo como un cordero de sacrificio intachable por nuestros pecados. Él sabía que no podría lograr este majestuoso logro espiritual por sí Solo (Juan 5:30)—sólo fue posible con la ayuda constante de Su Padre. Sólo el Padre podía salvarle del pecado y su paga, que es la muerte (Romanos 6:23). Así, Él continuamente se mantuvo en contacto cercano con Su Padre. Él oraba regular y fervientemente.

Usted necesita el mismo entendimiento de cuánto necesita la ayuda diaria de parte de Dios.

¡La única manera posible de vencer el poder de Satanás y el jalón de la carne es depender de Dios! (Romanos 7:25). Usted necesita el poder de Dios, el cual Él les da a los cristianos verdaderos con Su Espíritu Santo. El Espíritu permite que Cristo viva en nosotros (Gálatas 2:20) y nos da la fuerza para vencer. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).

¡Sin ese Espíritu, usted no es un hijo de Dios y morirá en sus pecados! (Romanos 8:13-14).

No podemos obtener la vida eterna sin el poder del Espíritu Santo trabajando en nuestras vidas. Sin embargo, debemos pedirle a nuestro Padre, en oración, por ese poder y ayuda (Lucas 11:13). Y debe ser renovado diariamente (2 Corintios 4:16). Esto requiere oración (ej. Filipenses 1:19).

¡La oración diaria es esencial para la salvación! Sin la ayuda de Dios, ninguno de nosotros puede vencer el jalón del pecado de nuestra naturaleza humana. Y solamente si vencemos al pecado y permitimos que Dios construya Su carácter santo y justo a través del Espíritu Santo podremos nacer como hijos de Dios (Apocalipsis 21:7). Por lo cual, sin orar continua y efectivamente, nunca podremos nacer en la Familia de Dios.

¡Ésta es la razón por la cual Dios nos manda que oremos! La oración no es un ejercicio religioso opcional. ¡Es una necesidad básica que afecta su destino eterno!

Cómo orar

En Lucas 11, los discípulos le pidieron a Cristo que les enseñara a orar—ellos no sabían cómo hacerlo. Nosotros también debemos buscar primero la sabiduría de Cristo sobre cómo orar. A través del Espíritu Santo, Él nos va a ayudar. Él mismo era un hombre de oración.

Dios es amor. Su ley es amor. Cristo enlistó dos grandes mandamientos: amor a Dios y amor a nuestro prójimo (Mateo 22:37-40). Nosotros practicamos y crecemos en ese amor a través de la oración dirigida por Cristo.

¿Pero cómo? Nuestro nuevo libro sobre la oración le mostrará. El capítulo 1 nos muestra por qué debemos orar. El capítulo 2 describe siete condiciones que debemos cumplir para poder recibir respuestas de Dios. El capítulo 3 cubre los problemas comunes que enfrentamos en la oración y cómo superar esas barreras. El capítulo 4 profundiza en el ejemplo que Cristo les dio a los discípulos y sobre lo que Dios espera que oremos. En el capítulo 5, aprendemos sobre las bendiciones que provienen de la oración intercesora—no sólo para quienes oramos, sino también para quienes están haciendo esas oraciones. El capítulo 6 nos muestra que Cristo oraba oraciones perfectas como una expresión de Su amor perfecto. Y el último capítulo nos muestra cómo el pueblo de Dios debe ser una “casa de oración”.

Usted debe comprender cuán vital es—cuán central para la vida de un cristiano—su vida de oración. ¡Mejorar la manera en que habla con Dios en la oración debe ser su prioridad número uno en la vida!

Si no ha comenzado a hacerlo, comience ahora a establecer un contacto directo con su Creador. Dios escucha y se deleita en las oraciones de aquellos que buscan agradarle y hacer Su voluntad (Salmos 34:17; Proverbios 15:8; 1 Pedro 3:12). Ore a Dios cada día. ¡Comenzará a experimentar bendiciones sin medida! 

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