Reciba nuestro Boletín de avisos gratuitamente una vez por semana.

166182391

(ISTOCK.COM/TREKANDSHOOT)

La destrucción del imperio de la ley en Estados Unidos

Cada vez más estadounidenses ven las leyes y principios fundamentales de la nación no como una fuente de orgullo sino como la raíz de sus problemas. He aquí por qué esta tendencia es peligrosa.

Estados Unidos de Norteamérica es una nación excepcional en la historia mundial. Como ninguna otra nación, ha sido sinónimo de gobierno limitado, separación de poderes, imperio de la ley, libertad de religión, libertad de expresión, economía de libre mercado y otros principios esbozados en su documento fundacional, la Constitución de EE UU. Éstos han contribuido a hacer de EE UU una nación increíblemente libre y próspera, un foco de atracción para los inmigrantes de naciones de todo el mundo y una fuerza innegablemente positiva en el mundo, durante la mayor parte de su historia.

Sin embargo, estas leyes y principios fundacionales están cada vez más bajo ataque. Los pilares claves de la historia y la identidad estadounidenses están siendo vilipendiados y destruidos. Los educadores están enseñando a las generaciones venideras que la narrativa perdurable sobre la libertad individual y el control mutuo constitucional son una máscara para que los hombres ricos, blancos y europeos dominen. Tal pensamiento ha llegado a los niveles más altos del gobierno estadounidense, al punto en que, en muchos asuntos, ¡los políticos comparten las opiniones de los peores enemigos de la nación!

Esta tendencia es terriblemente peligrosa. El desprecio por la herencia estadounidense está impulsando una desviación en masa de ella. Mientras que los fundadores establecieron la nación en la moral bíblica, este creciente movimiento es inmoral e irreligioso. Contrario a la historia, a la tradición, a la autoridad y a la ley.

Un colapso en el estado de derecho es devastador para una nación. Nuestro mundo está lleno de naciones donde el gobierno simplemente no hace cumplir la ley y el orden, y como resultado, la criminalidad, la corrupción, el soborno, los matones y la ilegalidad imperan, al igual que la miseria y los bajos niveles de vida que siempre los acompañan. A medida que EE UU abandona las leyes sobre las que fue establecido, éste es su futuro.

Los Padres Fundadores de EE UU advirtieron explícitamente sobre este mismo problema.

Para tomar un solo ejemplo, el presidente George Washington dijo en su primer discurso inaugural: “Los fundamentos de nuestra política nacional se establecerán en los principios puros e inmutables de la moralidad privada” (énfasis agregado en todo). En su famoso discurso de despedida, dijo: “De todas las disposiciones y hábitos que conducen a la prosperidad política, la religión y la moralidad son apoyos indispensables”.

"De todas las disposiciones y hábitos que conducen a la prosperidad política, la religión y la moralidad son soportes indispensables".

— GEORGE WASHINGTON

En 1954, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Earl Warren, escribió: “Yo creo que toda la Carta de Derechos surgió debido al conocimiento que nuestros antepasados tenían de la Biblia y su creencia en ella”.

La Constitución de EE UU es la base de la república estadounidense. Y la Biblia, en muchos sentidos, es la base de la Constitución de EE UU. ¡Los fundadores de la nación creían que su república colapsaría si no guardaban los Diez Mandamientos de Dios!

El estado de derecho es muy difícil de establecer. La mayoría de las naciones luchan para hacerlo con éxito. Las que tienen éxito, luchan por mantenerlo porque las fuerzas del desenfreno siempre están al ataque.

Es por eso que la Trompeta observa tan de cerca el estado de derecho en EE UU. No es solamente una cuestión de interés histórico o teoría política—es una cuestión de supervivencia nacional y personal.

La Trompeta y su predecesora, La Pura Verdad, han pronosticado durante más de 70 años que el estado de derecho en EE UU se deterioraría, con consecuencias devastadoras.

Scene At The Signing Of The Constitution Of The United States B
La firma de la Constitución de Estados Unidos. (Créditos: Dominio publico)

Un experimento para establecer el gobierno de Dios

Los primeros inmigrantes en EE UU sabían lo que significaba estar privado de libertad. La mayoría provenía del Imperio Británico, quizás el imperio más grande y más libre de la historia mundial. Sin embargo, incluso allí, un gobierno que derivó sus poderes de los gobernadores, no de los gobernados, negaba a sus ciudadanos las libertades de religión, expresión y reunión.

Entonces los colonos estadounidenses formaron sus propios gobiernos locales. Muchos estatutos contenidos en estos pactos, convenios, estructuras de gobierno y leyes capitales derivadas de la Biblia, usaban las mismas frases de la Biblia e incluso citaban capítulos y versículos bíblicos.

Como escribió el historiador Paul Johnson, estos colonos temerosos de Dios “pusieron la libertad política y religiosa antes que la riqueza” y sembraron “un experimento diseñado para establecer el gobierno de Dios en la Tierra”.

Con estas convicciones, los fundadores de EE UU se dedicaron a un experimento en libertad humana. Si su única motivación hubiera sido preservar sus vidas y sus fortunas, no habrían lanzado el experimento que interrumpió todos esos beneficios. Ellos estaban motivados por algo mayor: la creencia de que los derechos naturales del hombre eran “eternos e inmutables” porque provenían del Creador del hombre.

Como Thomas Jefferson escribió en la Declaración de Independencia de EE UU, “Sostenemos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que su Creador les otorga ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”.

Contra viento y marea, la Revolución Estadounidense ganó. La joven nación reemplazó su primera Constitución fallida por una que duraría más de dos siglos. El experimento continuó y el mundo observaba. ¿Podría una nación mantenerse unida si rechazaba la monarquía, la aristocracia y el imperio? ¿Podría ser fuerte si apostaba su existencia en la influencia de la Biblia sobre sus ciudadanos individuales? ¿Tendría éxito el experimento estadounidense, o explotaría?

Han transcurrido más de dos siglos desde que EE UU ratificó su Constitución. Durante este período, EE UU sobrevivió, luego prosperó y luego se convirtió en la nación más grande de la historia humana.


Rechazando la Constitución

EE UU no ha estado exento de problemas. Se puede decir con justicia que, según muchas medidas, EE UU ha sido la nación más grande en la historia humana; sin embargo, parafraseando a Winston Churchill, eso simplemente significa que es la peor nación de la historia humana, a excepción de todas las demás. Las actividades humanas han sido una mezcla de buenas intenciones mezcladas con egoísmo y maldad.

Muy leído en la historia, los fundadores mismos reconocieron que esto era cierto. Estaban bien familiarizados con los peligros de la naturaleza humana. (Para comprender el origen de este mal, lea nuestro folleto Human Nature: What Is It?; [Naturaleza humana: ¿Qué es?], disponible en inglés.) Es por eso que enfatizaron la importancia de la religión y la moralidad. Ellos no querían ver la autodestrucción de Estados Unidos de Norteamérica. Es por eso que buscaron crear un gobierno que pudiera mantener el orden necesario mientras restringía la naturaleza humana interior y la tendencia a la tiranía por parte de los gobernadores.

En la Constitución, establecieron un sistema destinado a preservar para cada persona la máxima responsabilidad de su propia vida y la máxima libertad de servir a Dios de acuerdo a sus convicciones.

Ese sistema funciona maravillosamente bien para un pueblo que se rige por las leyes de Dios. Sin embargo, también ha dado a las personas libertades para ejercer la avaricia, el materialismo, lujuria, libertinaje y otras inmoralidades. Naturalmente, como todas las naciones en la historia, la historia estadounidense ha estado plagada de imperfecciones, decepciones y males. Históricamente, los estadounidenses habían tenido la tendencia de atribuir muchos, o todos estos problemas, a las fallas humanas de obedecer las leyes naturales establecidas por su Creador. Hoy, sin embargo, muchos estadounidenses piensan que las causas de estos problemas son las leyes estadounidenses.

Este odio contra el estado de derecho existente en EE UU no es sólo una reacción emocional entre los manifestantes anarquistas. También es una ideología fuerte que ha convencido a las mentes de los periodistas, artistas, educadores, estudiantes, trabajadores, colegiales e incluso los principales miembros del propio gobierno.

Esta ideología anti-ley, es ahora tan profunda, que ha afectado a la mayoría y ha convencido a muchos de los legisladores, jueces y ejecutivos de EE UU. Muchos sirven a esta ideología o a su partido, más que a sus actuales cargos. Los jueces de la Corte Suprema, cuyos cargos y poderes existen debido a ciertas cláusulas de la Constitución, argumentan que otras cláusulas deben ser torcidas o ignoradas. Los miembros del Congreso, que son responsables de representar al pueblo, elaboran leyes que representan otros intereses. Los presidentes, cuyo cargo existe para hacer cumplir las leyes hechas por la legislatura, se niegan a hacer cumplir las leyes y en cambio, imponen ideas para las cuales no hay leyes.

Este es un peligro más grave de lo que la mayoría de las personas se da cuenta.

El peligro de que los estadounidenses rechacen la Constitución no es simplemente que estén en desacuerdo con sus cláusulas específicas. El peligro es que rechazan el concepto de una ley suprema de la tierra, una autoridad superior que todos aceptan cumplir y cambiar sólo de acuerdo con esa autoridad. En pocas palabras: ellos rechazan el estado de derecho.

585294072
La ideología anti-ley que impregna a Estados Unidos hoy en día en realidad despierta hostilidad hacia la Constitución, el documento fundamental de la nación. (Créditos: istock.com/artisteer)

Advertencias repetidas

Desde el Volumen 1, número 2, la Trompeta ha pronosticado que el experimento estadounidense terminará en fracaso. La predecesora de la Trompeta, La Pura Verdad, hizo el mismo pronóstico de colapso nacional desde su primer número en 1934. La Pura Verdad y la Trompeta hicieron estas proyecciones al enfocarse no en indicadores económicos, factores políticos o desarrollos militares, sino en la observancia de la ley estadounidense.

Escribiendo en medio de los disturbios civiles de la década de 1960, el jefe editor de La Pura Verdad, Herbert W. Armstrong, advirtió sobre la tendencia de la naturaleza humana a rebelarse contra el estado de derecho. “Dios no es únicamente la autoridad suprema, sino que Él puede, y a menudo lo hace, establecer autoridades menores sobre nosotros—incluso la autoridad de otras personas, o de Sus leyes inexorables, o incluso de la ley humana organizada, u organización y reglas humanas”, escribió el Sr. Armstrong en La Pura Verdad de mayo de 1961. “Por tanto, un ingrediente básico de la naturaleza humana es la rebelión—contra toda la autoridad sobre sí. Y como toda la autoridad emana de Dios, o al menos está permitida por Él, esta actitud de rebelión es en realidad rebelión contra Dios”.

Usted puede ver una prueba bíblica de esa última declaración en Romanos 13, 1 Pedro 2:13-17 y en muchos otros pasajes.

Seis años más tarde, el Sr. Armstrong advirtió que EE UU, y el mundo entero, estaban en medio de una crisis moral. “La crisis mundial ya había comenzado antes de la Primera Guerra Mundial”, escribió él en una carta a los colaboradores del 24 de noviembre de 1967. “Sólo que la mayoría de los pueblos del mundo aún no lo sabían. Pero hombres como Karl Marx y Nikolai Lenin ya lo sabían. Esta crisis mundial fue el resultado del impacto de la ciencia y la tecnología—y de la inyección del impío ‘racionalismo alemán’ en la educación. Las guerras mundiales son la expresión militar de esa crisis. Las depresiones mundiales son la expresión económica. La llamada Nueva Moralidad es la expresión moral—hundiendo la moral en el pozo negro. La desesperación universal es la expresión espiritual. Esto ha generado a los bohemios y los hippies, los disturbios, las marchas—la ‘desobediencia civil’—el colapso de la ley y el orden”.

El Sr. Armstrong entendió que Dios había dotado a EE UU y Gran Bretaña con bendiciones especiales de grandeza nacional. (Esto se ha convertido en una declaración controvertida hoy, pero usted puede comprobarlo fácilmente. Lo alentamos a leer el destacado libro del Sr. Armstrong, Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía.) Y Dios, siendo la fuente de esas bendiciones, advirtió el Sr. Armstrong, podría y las revocaría debido a la rebelión de los pueblos anglosajones.

“El Dios viviente nos dio esta vasta prosperidad sin precedentes”, escribió él en La Pura Verdad de abril-mayo de 1976. “¿Qué hemos hecho con esta multitud de bendiciones nacionales e individuales, que en realidad fueron la dádiva del Dios viviente? Dios no prometió continuar las bendiciones si nos rebelábamos. Hemos sido rebeldes y reacios a someternos a nuestro Dios y a Sus caminos, lo cual habría garantizado paz duradera y prosperidad”.

Después de la muerte del Sr. Armstrong en 1986, el jefe editor de la Trompeta, Gerald Flurry, continuó advirtiendo al pueblo estadounidense y británico sobre las consecuencias del desenfreno. “La Constitución es la base de nuestra república. Y los Diez Mandamientos fueron, en muchos sentidos, el fundamento de la Constitución”, escribió él, en la Trompeta de diciembre de 2001. “¡Nuestros antepasados creían que, si no cumplíamos los Diez Mandamientos de Dios, nuestra república colapsaría! No podemos darnos el lujo de tomar a la ligera las palabras de nuestros fundadores si queremos ver a nuestra nación permanecer”.

"La historia revela que los imperios son destruidos si no logran establecer el estado de derecho".

— GERALD FLURRY

Poco después de la elección del presidente Barack Obama en 2008, el Sr. Flurry intensificó su advertencia sobre el asalto radical a la ley estadounidense. “La historia revela que los imperios son destruidos si no logran establecer el estado de derecho”, escribió en su artículo de noviembre-diciembre de 2009, “La guerra contra la Constitución de EE UU”. “Pero a menudo la cultura liberal radical tiene desprecio por la historia y por nuestros Padres Fundadores. Sus seguidores se basan tontamente en su propio razonamiento, que no está basado en la ley fundamental. La Constitución está siendo alterada dramáticamente, ¡y ella es la base de nuestra república! Estamos experimentando un terremoto constitucional, y la mayoría de nuestro pueblo ni siquiera lo sabe—todavía. El futuro está cambiando para usted, y a menudo, usted nada puede hacer. ¡Este proceso conducirá seguramente a la anarquía!”.

En 2013, el Sr. Flurry mostró cómo la verdadera fuente de la tendencia hacia la ilegalidad es espiritual—un espíritu maligno que es el ser más anárquico del universo. Satanás odia la verdad y la ley. Él está trabajando para echar la verdad por tierra, convenciendo a la gente a quebrantar el estado de derecho y reemplazarlo por el dominio de la fuerza bruta. La tendencia hacia el desafuero ya está derribando los cimientos de la república estadounidense.

Cualquier buen libro de historia nos lo mostrará. Pero aún más convincente que eso deberían ser las palabras de la Biblia.

639351550
Una limosina con grafiti pintado en un costado se incendia después de la toma de posesión de Donald Trump como el 45 avo. presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2017, en Washington D.C. Cientos de miles de personas se combinaron para celebrar y protestar.  (Créditos: Mark Makela/Getty Images)

Las consecuencias de la ilegalidad

El experimento estadounidense se ha vuelto peligrosamente volátil. A principios del siglo xxi, los estadounidenses han agregado muchos elementos no probados e inestables a la mezcla. Han disuelto los lazos que mantenían unida la Constitución y eliminaron los “apoyos indispensables de la religión y la moral”.

El error fatal no es simplemente rechazar un documento creado hace siglos por hombres brillantes y sinceros. Es algo más profundo. Es la razón por la cual la Trompeta observa esta tendencia tan de cerca y hace el pronóstico audaz de que EE UU, la nación más poderosa del mundo, caerá.

Los estadounidenses han rechazado no sólo las leyes de su propia tierra sino, más importante aún, los principios fundamentales en los que se basan estas leyes. Estos principios son leyes naturales inexorables dadas por el Creador. Estos principios son las leyes de Dios, las que son reveladas en la Biblia.

Estos principios bíblicos son la razón del notable éxito de la Constitución de EE UU en comparación con otras constituciones escritas. Ésta es la razón por la cual la sociedad estadounidense ha permanecido libre: porque los estadounidenses han vivido, al menos en parte, de acuerdo con las leyes de su Creador. Y cada vez que nuestro pueblo ha obedecido no sólo las leyes humanas sino también las leyes naturales—las leyes de Dios—el Creador ha bendecido a esta nación con prosperidad y seguridad.

La Constitución hace algunas preguntas fundamentales muy correctas. Lo hace en la medida en que opera en armonía con las verdades fundamentales reveladas por nuestro Creador. Sus autores ayudaron a asegurar las bendiciones de la libertad para su posteridad, no por causa de su brillantez, sino por su humildad ante la divina providencia: el gran Legislador y el Juez Supremo del mundo.

El error fatal no es simplemente rechazar un documento creado hace siglos por hombres brillantes y sinceros. Es algo más profundo. Es la razón por la cual la Trompeta observa esta tendencia tan de cerca y hace el pronóstico audaz de que EE UU, la nación más poderosa del mundo, caerá.

La razón por la que rechazar el estado de derecho constitucional de EE UU es tan monumental es porque es una forma de rechazar a Dios.

La Biblia incluye no sólo principios eternos del pensamiento e interacción humana, sino también descripciones de lo que sucede cuando los seres humanos rechazan estos principios. Muchas de estas descripciones fueron escritas siglos o incluso milenios antes de que ocurrieran. Éstas son llamadas profecías, y giran casi exclusivamente en torno a las consecuencias del mundo real que los seres humanos experimentan cuando rechazan las leyes de su Creador.

Sin embargo, la Biblia hace más que simplemente predecir los resultados generales de ciertos comportamientos humanos. Ella contiene docenas de profecías específicas que se aplican directamente a los descendientes modernos de Abraham, Isaac y Jacob (que pasó a llamarse “Israel”). Estas naciones incluyen a la nación judía de Israel, a las naciones del antiguo Imperio Británico y a EE UU.

La Biblia profetiza que las naciones modernas de Israel, incluyendo EE UU, serán malditas en la ciudad y malditas en el campo. Sus ciudades puestas a fuego. El pueblo caerá en su maldad (Deuteronomio 28:16; Isaías 1:7; Oseas 5:5).

El profeta Isaías dice específicamente, que el pueblo está “¡cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a [el Eterno], provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás... Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente” (Isaías 1:4-5). ¡Este desenfreno conducirá a la anarquía y a la guerra civil, seguida de la peor derrota militar de EE UU!

Ahí es donde la tendencia de EE UU hacia la ilegalidad está conduciendo. Así es como terminará el experimento estadounidense. ¡Confirmará una lección que ha sido probada una y otra vez a través de la historia humana, y que durará para siempre—que una nación sólo puede perdurar al defender y obedecer la ley de Dios! ▪


¿POR QUÉ LA TENDENCIA HACIA LA ILEGALIDAD?

La ilegalidad que impregna cada vez más a EE UU es mucho más peligrosa de lo que la mayoría de las personas se dan cuenta. Además, hay una dimensión espiritual en el ataque a la ley que muy pocos reconocen.

El ser más anárquico del universo es identificado en la Biblia como Satanás el diablo. Las Escrituras también revelan que él está activo en el mundo y está librando un ataque particularmente centrado en la actual nación de EE UU. Para comprobar esta asombrosa verdad, solicite su copia gratuita de Estados Unidos bajo ataque, por Gerald Flurry.