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Emile Signol/Getty Images

Por qué usted debe vigilar a Jerusalén

Jerusalén tiene un pasado sangriento y un futuro inmediato más sangriento aún. ¡Más allá de eso, está destinada a una gloria eterna!

Durante miles de años, se han librado guerras horriblemente brutales por el control de Jerusalén, siendo la ciudad más sangrienta sobre la Tierra. El pueblo judío enfrenta una realidad sombría y amenazante a diario, donde son comunes los ataques con cuchillo, atentados suicidas y con cohetes.

Varios acontecimientos recientes prácticamente garantizan que este tipo de violencia irá en aumento. Lamentablemente, las profecías de la Biblia revelan que la vida en Jerusalén empeorará mucho antes de que mejore.

Lo que sucede en esta ciudad es importante para cada persona sobre la Tierra. Usted necesita entender por qué.

Varias escrituras en la Biblia muestran que esta ciudad tiene una importancia como ninguna otra. Jerusalén está en el centro del plan eterno de Dios y es la clave del futuro de la humanidad. No podemos permitirnos ignorar esta ciudad tan especial.
Debemos vigilar Jerusalén.

Cuando el rey Salomón reinó allí, Dios se enojó por sus pecados y dijo que le quitaría el reino de Israel. Y luego dijo: “Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido” (1 Reyes 11:13).

Este es uno de varios versículos bíblicos que muestran que Dios ha escogido a Jerusalén. Dios no ha escogido ninguna otra ciudad sobre la Tierra, sino que ha escogido a Jerusalén, para un propósito muy especial.
El padre de Salomón, el rey David, era un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). La Escritura profetiza que él gobernará sobre las 12 tribus de Israel en el Mundo de Mañana. Este importante hombre estaba apasionado por Jerusalén, como Dios lo está hoy. Para entender la profecía y llegar a ser perfectos como Dios el Padre, necesitamos la misma pasión por Jerusalén que David tuvo.

Rodeada de ejércitos

Mire algunas de las profecías bíblicas acerca de lo que sucederá en Jerusalén en nuestros días.

La más importante de ellas fue dicha por Jesucristo Mismo. Cuando Sus discípulos le preguntaron por las señales que precederían a Su Segunda Venida, Cristo habló de un período horrible de guerra que finalizaría la presente era del hombre:

“Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22). ¡Piense en lo que Él dijo! ¿En qué momento de la historia humana ha sido posible exterminar a toda persona sobre la Tierra? Sólo recientemente los científicos han creado un arma que podría causar tal devastación. ¡El problema número uno que enfrenta este mundo es la supervivencia humana! Esta es una profecía para ahora.

Y en este contexto, Cristo se refirió específicamente a Jerusalén: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)” (versículo 15). El lugar santo descrito aquí es Jerusalén.

Esta es una profecía de un evento desastroso: ¡un ejército extranjero, una “abominación desoladora”, rodeando Jerusalén justo antes de asediarla! Esto está a punto de suceder, ¡antes de que esta era del hombre finalmente termine y justo antes del regreso de Jesucristo! Yo explico esta profecía a fondo en mi folleto Jerusalén en
Profecía (solicite una copia gratuita).

Sin embargo, antes de que ocurra ese acontecimiento, hay una profecía más inmediata que debemos vigilar que será cumplida en Jerusalén. Fue registrada por el profeta Zacarías:

“He aquí, el día de [el Eterno] viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será cortado de la ciudad” (Zacarías 14:1-2).

¡La mitad de Jerusalén caerá pronto! Piense en el problema sin solución en esta ciudad. Los árabes ya habitan la mitad oriental. ¡La Biblia dice que es sólo cuestión de tiempo antes de que tomen el control por la fuerza! Creo que la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que la administración Obama vergonzosamente habilitó para ser aprobada en diciembre, hace que esto sea más probable. (Vea el mapa de cómo esta decisión afecta a Jerusalén en esta edición).

Esto es lo que escribí en Jerusalén en Profecía acerca de este evento profético en Zacarías: “Considere esto: El Día del Señor y la disputa sobre una mitad de Jerusalén se presentan en el mismo contexto. Eso es porque cuando la mitad de Jerusalén entra en cautiverio, ¡esa crisis dispara una serie de eventos que conducen al retorno de Jesucristo! ¡La mitad de Jerusalén que es tomada cautiva es como la caída del primer dominó, llevando al regreso de Cristo y a la batalla contra todas las naciones en Jerusalén! Todo comienza y termina en Jerusalén”.

“En otras palabras, ¡la disputa actual sobre Jerusalén del Este es una fuerte señal de que el Día del Señor casi está aquí!”.

La profecía de Cristo también muestra cómo los eventos en Jerusalén marcarán Su regreso. El caos en esa ciudad profetizado por Zacarías atraerá la atención de un poder extranjero que vendrá al rescate. ¿Cuál es esa potencia extranjera?

Lea el relato de Lucas sobre esta profecía: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella” (Lucas 21: 20-21).

Otras profecías explican que se trata, de hecho, de los ejércitos europeos liderados por Alemania. ¡Éstas muestran que dichos ejércitos rodearán a Jerusalén después de haber conquistado al Islam radical liderado por Irán!

“Jerusalén rodeada de ejércitos”, es la señal más grande que Dios nos da de que es tiempo de huir—¡o de ser destruidos!

Sí, Dios dio estas profecías como una advertencia para nosotros. Necesitamos entenderlas, ¡para que podamos actuar al respecto!

En Lucas 21, Cristo continuó diciendo: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (versículos 34-36). Vigile a Jerusalén, y vigílese usted mismo. Asegúrese de no decaer espiritualmente, pues el tiempo es muy corto. ¡Escuche las instrucciones de Dios y aplíquelas en su vida!

La Biblia contiene muchos más detalles sobre la impactante cadena de eventos que conducen al regreso de Cristo, pero el meollo principal es que Jerusalén está en el corazón de todo.

La nueva Jerusalén

Es emocionante y reconfortante saber cuándo regresará Cristo. Pero asombrosamente, esta es solamente una razón física para vigilar a Jerusalén. Hay una razón espiritual aún más importante.

En el libro de los Salmos están canonizadas estas palabras: “Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría” (Salmos 137:5-6).

Observe otra profecía en Zacarías: “Clama aún, diciendo: Así dice [el Eterno] de los ejércitos: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará [el Eterno] a Sion, y escogerá todavía a Jerusalén” (Zacarías 1:17).

Cuando usted junta todas las profecías de la Biblia, llega a comprender cuán importante es esta ciudad para Dios. Él la eligió no sólo como la ciudad capital para Israel bajo los reyes David y Salomón, sino como Su ciudad capital durante el reinado de mil años de
Jesucristo, ¡el Rey de reyes!

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de [el Eterno], a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de [el Eterno]” (Isaías 2:3). ¡La palabra de Dios saldrá de Jerusalén y cubrirá la Tierra! Todos los pueblos aprenderán el camino de Dios y vivirán según Su ley.

Por fin Jerusalén será la ciudad de paz que su nombre representa.

“Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella... Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo” (Isaías 66:10, 13).

¡Qué contraste con el inmedible derramamiento de sangre que está próximo a suceder! (Joel 3:13, Apocalipsis 14:19-20). Ninguna ciudad ha sufrido más que Jerusalén. ¡Ninguna ciudad se regocijará más que Jerusalén! Dios detendrá toda la violencia y la miseria. Él curará todas las cicatrices y enjugará todas las lágrimas.

Aquellos de nosotros que hagamos Su Obra hoy compartiremos Su trono para siempre como la Esposa de Jesucristo, viviendo en Jerusalén (Apocalipsis 19:7).

Más allá de eso, ¡esta ciudad que Dios ha escogido se convertirá en la sede del universo! Dios habitará allí por toda la eternidad (Apocalipsis 21: 2-3).

El gran patriarca Abraham tenía su mente fija en la nueva Jerusalén. “Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). ¡El libro de Apocalipsis muestra que Dios el Padre traerá esta ciudad a la Tierra y establecerá Su trono entre nosotros!

¡Mantenga sus ojos puestos en Jerusalén! Dios ha escogido esta ciudad. Él nos instruye a seguir Su ejemplo, para llegar a ser perfectos tal como Él lo es (Mateo 5:48). ¡Para llegar a ser perfectos como Él, debemos tener como prioridad hacer lo mismo!

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