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Melissa Barreiro/La Trompeta

¿Qué pasa cuando se saca al Reino Unido de la UE?

Gran Bretaña está más cerca que nunca de cortar lazos con la Unión Europea. ¿Cómo se verá Europa cuando los británicos ya no estén?

Si la Unión Europea quiere hacer enojar a los británicos, está haciendo un trabajo estelar. En octubre, después de reorganizar cómo calcular el producto interno bruto ( pib ), los representantes de la UE decretaron que Gran Bretaña era más rica de lo que se pensaba. Súbitamente, le facturaron a Gran Bretaña un inesperado cobro de $2,7 mil millones de dólares, incluyendo pagos atrasados, para el presupuesto de la UE. Además, otros líderes de la UE reprendieron públicamente a Londres por el incumplimiento de las políticas liberales de inmigración de la UE. Y, en noviembre, Jean-Claude Juncker (un hombre que abiertamente desdeña las normas democráticas, con expresiones como esta en 2011: “Estoy a favor de debates secretos y oscuros”) fue nombrado presidente de la Comisión Europea.

El resentimiento bullente de Gran Bretaña hacia la Unión Europea, se derramó en hervor.

Desde el momento en que Gran Bretaña se unió a Europa en 1973, ha experimentado peleas retóricas, impases políticos y catástrofes financieras. En lugar de unirse y fusionarse a Europa, su cercanía con el Continente sólo ha causado fricción. Sin embargo ha permanecido firmemente como parte de la UE.

Pero las señales de que esta relación está en un callejón sin salida, están aumentando. Actualmente, tienen problemas grandes con Europa que parecen surgir cada pocos meses; cada uno provocando una reacción más apasionada que la anterior. Y en 2014, el electorado británico mandó un fuerte mensaje de que está listo para terminar con el statu quo.

A finales de mayo, por primera vez desde 1910, ni el Partido Laborista ni el Partido Conservador ganaron en una elección a nivel nacional. El Partido de Independencia del Reino Unido (ukip, por sus siglas en inglés) ganó el 26,8 por ciento de los votos en las elecciones europeas, seguido por los laboristas y los conservadores, que ganaron cada uno alrededor del 25 por ciento.

Pero al ukip siempre le va relativamente bien en las elecciones de la UE. Por eso, muchas personas desestimaron esto considerándolo algo pasajero, como el ápice del dramático acenso del ukip, que luego se vería cayendo en el anonimato a tiempo para las elecciones nacionales en 2015.

Esa noción se disipó en el otoño [2014]. El 9 de octubre, por primera vez en la historia, un miembro del ukip ganó en elecciones un escaño en el Parlamento Británico. Luego el 20 de noviembre, un segundo miembro fue electo. “Un Terremoto llamado UKIP golpea Gran Bretaña”, decía el título del Wall Street Journal. En ambos casos, éstos eran políticos de alto perfil que habían desertado del Partido Conservador. Sus victorias pusieron al ukip en el mapa nacional. El ukip también estuvo cerca de ganar asientos mantenidos anteriormente por candidatos del Partido Laborista. Muchos expertos pronostican que tomarán varios asientos en la siguiente elección.

Gran Bretaña está experimentando un cambio político enorme.

El cambio es tan dramático que Stratfor (un grupo estadounidense de expertos), siendo una organización que raramente se enfoca en política interna nacional, señaló que “el rápido ascenso del líder del ukip, Nigel Farage, en la política británica ha movido todo el espectro político hacia posiciones más euroescépticas, y ninguno de los principales partidos es impermeable a la influencia del ukip. (…) El sistema de partidos tradicional de Gran Bretaña dominado por los Tories [conservadores] y los laboristas, será sometido a una dura prueba en 2015” (15 de octubre de 2014).

A medida que despierta el 2015 en la relación de Gran Bretaña con la UE, una cosa es más clara que nunca. Esto es lo más lejos que llegará Gran Bretaña en su integración con la UE. Y la brecha entre las Islas y el Continente se está ampliando rápidamente.

¿Por qué el Reino Unido siempre es el miembro rebelde, siempre queriendo hacer las cosas a su modo? Otros países miembros de la UE tienen problemas con Bruselas, pero ninguno está tan interesado en abandonar la Unión como Gran Bretaña.

Lo que estamos viendo es en realidad la manifestación de una diferencia fundamental e histórica entre el pueblo de Gran Bretaña y aquellos en Europa continental. Entender esta diferencia puede iluminar cuán irreconciliables son realmente las diferencias visibles entre los dos. Y además, puede ayudar a mostrar la dirección que podemos esperar que tome Europa cuando el Reino Unido ya no esté en la escena (como prevemos que ocurrirá).

La naturaleza esencial de esta diferencia puede entenderse mejor al ver el proyecto de unificación europea en su contexto histórico.

El sueño de Roma

“Había una vez un sueño que era Roma”, dijo el emperador romano Marco Aurelio en la película Gladiador. “Sólo lo podrías susurrar. Cualquier otra cosa más que un susurro y se esfumaría, tan frágil era. Y me temo que no sobrevivirá el invierno”. Pero esta versión de ficción de Marco Aurelio estaba equivocada. Ese sueño no era frágil. Por el contrario, ha sido uno de los sueños más duraderos en toda la historia.

En el siglo quinto, se dice que Ataulf, rey de los visigodos (una de las tribus germánicas que puso fin al Imperio Romano de Occidente), dijo: “Al comienzo, yo ardientemente deseaba que el nombre de Roma fuera borrado, y que todas las tierras romanas fueran convertidas en un imperio de los godos”. Pero la monarquía absoluta del sueño de Roma y la visión de una Europa unida bajo un emperador, una ley y una iglesia era demasiado fuerte. Así que Ataulf concluyó: “Por lo tanto he elegido el camino más seguro de aspirar a la gloria de restaurar y aumentar el nombre de Roma a través del vigor godo”. Así que el rey de los visigodos y sus hermanos germánicos comenzaron un patrón que continúa hasta este día: afirman repetidamente el manto de una Roma resucitada.

Los últimos 1.500 años de historia europea pueden ser resumidos como intentos repetidos de resucitar el imperio de Roma. Tiranos y reyes desde Carlomagno a Napoleón y desde los Habsburgo a Mussolini, todos afirmaron ser nuevos emperadores romanos. El título del rey alemán, el káiser, es simplemente una forma germanizada para la palabra césar. La ley, las tradiciones y la religión romana se han convertido en el estándar para el Continente.

La Unión Europea no es la excepción. Uno de sus padres fundadores, Otto von Habsburgo, dijo: “La Comunidad [europea] está viviendo en gran medida por la herencia del Sacro Imperio Romano, aunque la gran mayoría de las personas que viven por ella no saben por cuál herencia viven”. Más y más, la prensa popular está comparando a la UE con el Sacro Imperio Romano medieval, llamado de esa forma porque todos sus gobernantes compartían el sueño que era Roma.

Pero hubo un pequeño rincón del imperio que nunca aceptó ese sueño. Aun después de 350 años de ocupación romana, sus habitantes rechazaban la idea de ser romanos.

Gran Bretaña era diferente al resto de Europa entonces, y es diferente hoy también. Esa diferencia es clave para entender el futuro de la UE, mientras Gran Bretaña, una vez más, se dirige hacia la salida.

La Gran Bretaña no tan romana

Los británicos “pudieron haber estado dentro del Imperio Romano; pero estaban fuera del círculo encantado de lo romano”, escribió el historiador David Starkey en su historia sobre Gran Bretaña, Crown and Country (Corona y País). “Ellos eran súbditos y nativos; no eran romanos”.

El Imperio Romano estaba lleno de galos, españoles e incluso alemanes sirviendo en altos cargos, cuya patria ni siquiera era parte del Imperio pero ellos se consideraban completamente romanos. Pero pocos, si acaso algún británico se encontraba entre ellos.

“Cualquiera que fuera la razón (…) los británicos entonces permanecieron semi apartados del imperio, tal como los británicos están ahora semi apartados de la Unión Europea”, concluye Starkey.

Norman Davies, un historiador con inclinaciones políticas y puntos de vista muy diferentes a los de Starkey, llega a la misma conclusión. “Cabe poca duda de que el estilo de vida de los romanos fue adoptado solo por una minoría de la población total”, escribe en su libro The Isles: A History (Las Islas: Una Historia).

En lo mejor que se puede ver a través de la niebla del tiempo, los británicos expulsaron a los invasores romanos en el año 410 d.C., y después le escribieron al emperador para obtener una sanción legal para lo que habían hecho. Y la recibieron. “Fue un evento único en la historia del Imperio Romano; no se basó en ningún precedente, y no tenía paralelos en otros lugares”, escribe Paul Johnson en The Offshore Islanders (Los isleños de ultramar). “Por primera vez una colonia había recuperado su independencia por la ley; y seguiría siendo la primera y última vez, hasta que en el siglo xx los isleños frente a las costas comenzaran el desmantelamiento constitucional de su propio imperio”.

Después del saqueo de Roma en 410 d.C., Gran Bretaña y la mayor parte de Europa occidental fueron invadidas por los bárbaros de lenguas germánicas. Aun así los británicos siguieron siendo diferentes. En Europa, la vida después de la caída de Roma era esencialmente la misma de antes. La gente vivía en los mismos pueblos y ciudades, adoraban bajo los mismos obispos, servían a los mismos señores y hablaban el mismo idioma. Todo lo que cambió fue la remota figura en la cima del imperio. Los invasores germánicos se “dividieron y confinaron” el gobierno romano, “pero mantuvieron toda la riqueza, esplendor y autoridad que pudieron”, escribe Starkey.

“En Britania fue una historia diferente”, continúa él. “Aquí la caída de Roma marcó el fin de la romanización”. Cuando los bárbaros llegaron a Gran Bretaña, ellos no trataron de establecer una nueva Roma.

“Todo lo que era romano en Gran Bretaña, fue aniquilado”, dice él.

“Es difícil de decir exactamente por qué los anglosajones tuvieron un comportamiento tan diferente de los de otras tribus germánicas al otro lado del Canal”, escribe él.

“En Britania, caso singular en Europa occidental, hubo un nuevo comienzo. Porque junto con su nuevo lenguaje, los anglosajones trajeron una nueva sociedad, nuevos dioses y un nuevo y muy diferente conjunto de valores políticos. Y a partir de éstos, con el tiempo, ellos crearían una nación y un imperio que rivalizaría con Roma. Una versión de su lengua reemplazaría al latín como la lengua franca: la ley común inglesa desafiaría las leyes romanas como el sistema legal dominante; y ellos concebirían, en la economía de libre mercado, una nueva forma de hacer negocios que transformaría la riqueza y el bienestar humano”.

“Quizás más importante aún, ellos inventarían una nueva política, la cual depende de la participación y el consentimiento, en lugar de la autocracia romana dirigida de arriba hacia abajo. Es una historia de la cual se siente orgullo, y en la médula de ésta yace una sola institución: la monarquía” (ibíd.).

El destino de la Roma moderna

Estos dos sistemas rivales tienen una significativa incidencia en Europa actualmente. Que la historia pueda repetirse tan directamente después de 2.000 años, es sorprendente. En los desacuerdos entre los líderes ingleses sobre si expulsar o no a las legiones en los años del ocaso de la antigua Roma, a grandes rasgos podemos ver un reflejo de los debates actuales dentro de Gran Bretaña sobre su lugar en la UE.

Pero existen diferencias importantes. En los días de Roma, Gran Bretaña era una isla provincial sin importancia en el extremo del imperio. En la UE, sin embargo, Gran Bretaña es un vecino importante e influyente. No tan influyente como quisiera, y nada cerca a lo poderoso que una vez fue, pero sin duda no es una mera colonia europea.

La membresía en la UE ha sido mala para Gran Bretaña en muchas maneras, pero le ha resultado con una ventaja. La firme presencia de este sistema británico opuesto, ha hecho más lento el desarrollo de la UE en una encarnación moderna del Sacro Imperio Romano. Pero ahora, mientras Gran Bretaña va hacia la salida, arrastrando los pies, su influencia sobre Europa se va también. Esto libera al Continente para acelerar su integración en un nuevo Imperio Romano.

Gran Bretaña no es el único miembro de la UE que ha permanecido libre de esta tradición romana. Escandinavia, por ejemplo, nunca ha sido atraída a la órbita de Roma o del Sacro Imperio Romano. Los Países Bajos fueron un miembro fundador de la UE, sin embargo nunca han compartido realmente el sueño de Roma. Junto con Gran Bretaña, estas naciones han ayudado a evitar que Europa una vez más vaya por el camino hacia el Sacro Imperio Romano. Pero con la influencia británica decayendo, ellos carecen del poder para seguir haciéndolo.

Romano Prodi, uno de los principales estadistas de la UE, describe los efectos del flirteo de Gran Bretaña con su salida. “Francia está cada vez más desorientada, y Gran Bretaña está perdiendo poder día tras día en Bruselas después de su decisión de llevar a cabo un referendo sobre su membresía en la UE”, escribió en un artículo para el periódico italiano Il Messaggero (23 de noviembre de 2014).

El resultado de esta retirada es una nueva estructura de poder edificada en torno a Alemania.

“Alemania está ejerciendo un poder casi solitario”, continuó Prodi. “Los nuevos presidentes de la Comisión y el Consejo son hombres que giran alrededor de la órbita de Alemania, y sobre todo existe una muy fuerte presencia (alemana) entre los directores, jefes de gabinetes y sus diputados. La burocracia se está adaptando a la nueva correlación de fuerzas”.

El editor de asuntos internacionales del Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard, identificó correctamente lo que Prodi está describiendo: “Un Sacro Imperio Romano reconstituido, gobernado desde Berlín”. Mientras Gran Bretaña voltea hacia la salida, Europa una vez más está resucitando ese sueño de Roma.

Pero Evans-Pritchard aclara que él no cree que este nuevo Sacro Imperio Romano sea un futuro viable para Europa. “Si en general el Sr. Prodi está en lo correcto, y sospecho que así es, la salida de Gran Bretaña de la UE va a acelerar una reacción en cadena inestable, y en última instancia causará que todo el proyecto se desbarate”, escribió. “Es simplemente inconcebible que la UE pueda sobrevivir como un Sacro Imperio Romano reconstituido gobernado desde Berlín, pero sin por lo menos el carisma y la santidad otorgada por Roma a los Hohenstaufen medievales [una dinastía que gobernó el Sacro Imperio Romano]” (24 de noviembre de 2014).

En otras palabras, Europa no puede existir como un Sacro Imperio Romano guiado por Alemania, sin el apoyo moral y religioso que tenía antiguamente de la Iglesia Católica. Evans-Pritchard cree que éste no conseguirá ese apoyo, y que por lo tanto todo se va a desmoronar.

El ingrediente que falta

A su análisis le faltó solo un poco para dar en el blanco, y refleja muy de cerca lo que Herbert W. Armstrong, jefe de redacción de La Pura Verdad, revista precursora de Trompeta, escribió en su libro Estados Unidos y Gran Bretaña en Profecía: “Sus líderes [europeos] hablan constantemente de la unión política, que implica también la militar. Hasta ahora no han podido lograr una unión política completa, pero será posible mediante los ‘buenos oficios’ del Vaticano, que es el único símbolo de unidad al que pueden mirar”.

Esa situación continúa hasta este día. Como ha sido bien documentado ahora, altos líderes europeos lanzaron el euro, la moneda común de Europa, para forzar a las naciones que lo usan a integrarse en una unión política. Eso no ha ocurrido todavía. Tan malo como fue, la crisis del euro fue un catalizador insuficiente. El ingrediente que falta en la fórmula es el Vaticano. Y hay señales de que no va a faltar por mucho más tiempo.

“Una historia de 2.000 años une a Europa y al cristianismo”, dijo el Papa Francisco al Parlamento Europeo el 25 de noviembre. Francisco fue el primer Papa en 30 años que se dirige a ese Parlamento, y su discurso fue acompañado por frecuentes estallidos de aplausos. “Esta historia, en gran parte, todavía debe ser escrita”, dijo. “Es nuestro presente y nuestro futuro. Es nuestra identidad. Europa necesita urgentemente recuperar sus verdaderas características para crecer, como sus fundadores deseaban, en paz y armonía, puesto que todavía no está libre de conflictos”.

Así como pueden verlo hombres como Prodi y Evans-Pritchard, una UE sin Gran Bretaña y sin esa tradición separada y antiromana, se abalanzará a convertirse en un nuevo Sacro Imperio Romano guiado por Alemania. Esto se desmoronaría sin la Iglesia Católica. Sin embargo, la iglesia no va a dejar que eso suceda. Una vez que los líderes de la UE estén lo suficientemente desesperados como para darle al Vaticano un papel más importante en la Unión, la fuerza moral y religiosa del Vaticano dará sus frutos. La UE quizás llegue cerca del colapso antes de que eso suceda, pero el sueño de una Europa unida, una nueva Roma, es muy fuerte como para caer así de rápido.

¿Por qué la diferencia?

De nuevo, volvemos a la pregunta: ¿por qué Gran Bretaña no comparte ese sueño? ¿Por qué es necesario que Gran Bretaña se salga del camino para que esta unidad suceda? ¿Por qué, después de 2.000 años, esta contrastante diferencia permanece entre la manera de pensar de los británicos y la de los romanos? Esa diferencia no es meramente un accidente geográfico. Es algo más profundo.

Herbert W. Armstrong encontró en la Biblia esa dimensión más profunda, como lo explicó en Estados Unidos y Gran Bretaña en Profecía. Esa, es la identidad bíblica y profética del pueblo británico, así como la de los pueblos europeos, especialmente la de los alemanes. Esa misma llave abre la razón de la diferencia radical entre Gran Bretaña y la Europa que busca resucitar a Roma. También abre un significado más profundo sobre la historia de Gran Bretaña y Europa.

En ese libro, el Sr. Armstrong prueba que Gran Bretaña, Estados Unidos y varias otras naciones europeas modernas son en realidad descendientes de Abraham. (Ellas son las naciones modernas de Israel).

Debido a las promesas que le hizo a Abraham, y no por ningún talento o virtudes especiales de los británicos, Dios le dio a Gran Bretaña un imperio que rigió al mundo. Para hacer esto, Él tuvo que preservarlos y separarlos del continente de Europa. Al mismo tiempo, el Imperio Romano resucitado en varias ocasiones desempeñó un papel separado en Sus planes. Ningún grupo de personas es mejor que otro. Tanto Gran Bretaña como Europa son pueblos pecadores que viven en un mundo que ha rechazado a Dios. En el próximo mundo gobernado por Dios, los descendientes de Israel y Alemania (Asiria) aparecen uno al lado del otro, entre las principales naciones del mundo (Isaías 19:24-25).

Pero hoy, Dios está permitiendo que un reavivamiento del Sacro Imperio Romano surja para castigar a Israel moderno, principalmente Gran Bretaña, Estados Unidos y los judíos en Oriente Medio. Estas naciones tienen una larga historia con Dios, como se detalla en la Biblia. Éstas recibieron una enorme abundancia de bendiciones de Dios. Sin embargo, se han convertido en naciones profundamente pecaminosas, llevando a muchas otras naciones a una forma de vida que trae miseria y desesperanza.

Esta es la razón principal por la que Gran Bretaña y la UE no se pueden mezclar. Gran Bretaña desciende del Israel bíblico, la propia nación de Dios, y el Sacro Imperio Romano es el sistema que Dios va a usar para castigar a esos descendientes de Israel.

Por eso, cuando Herbert Armstrong escribió acerca de que “pronto surgirá el resucitado ‘Sacro Imperio Romano’, siendo una especie de ‘Estados Unidos de Europa’, una unión de 10 naciones que surgirá del actual Mercado Común Europeo”, dijo que “Inglaterra no formará parte de ese próximo Imperio que surgirá” (El Misterio de los Siglos; solicite su copia gratuita). Esto explica por qué las fuerzas en Inglaterra que la sacarían de la UE están ganando terreno, y por qué el ukip va a ser una fuerza en la cual hay que fijarse en las próximas elecciones generales del Reino Unido. También revela por qué deberíamos esperar ver un mayor endurecimiento de las actitudes entre los europeos hacia los británicos.

Desde 1956, el Sr. Armstrong escribió: “Alemania es el corazón económico y militar de Europa. Probablemente Alemania va a guiar y dominar al venidero Estados Unidos de Europa. ¡Pero Gran Bretaña no va a ser parte de eso!”

Herbert Armstrong comprendió esta llave maestra perdida. El discernimiento que esto le dio hizo que él pudiera predecir, 50 años por adelantado, la actual angustia británica existencial con respecto a su membresía en la UE.

Este discernimiento abre más de 2.000 años de historia europea. Y mucho más importante aún, revela el propósito que Dios está llevando a cabo aquí en la Tierra, el evangelio que Cristo trajo, y los estremecedores acontecimientos de los próximos años.

“Existe una conexión más vital y directa entre este verdadero evangelio, el cual Cristo enseñó, y la unión de 10 naciones en Europa”, escribió el Sr. Armstrong en La Pura Verdad de marzo de 1973. “La profecía está directamente conectada con el verdadero evangelio”.

El entendimiento de esta llave maestra va más allá de simplemente revelar la historia de una pequeña isla frente a la costa noreste de Europa, y su lugar en la UE. “Una tercera parte de la revelación del Hacedor para la humanidad [la Biblia] está dedicada a la profecía, describiendo la historia de eventos futuros antes que éstos ocurran”, escribió el Sr. Armstrong en Estados Unidos y Gran Bretaña en Profecía. “Estos futuros eventos pronosticados revelan el gran propósito que se está desarrollando, y que está siendo llevado a su cumplimiento”.

El comprender esta llave maestra abre el gran propósito que está siendo llevado a cabo en los eventos mundiales. Es un entendimiento que nadie puede darse el lujo de no tenerlo.